
INTIMIDATORIA
Nunca. Lo digo bien, nunca mostré vulnerabilidad alguna. Ni siquiera revelé mis ansiedades o sentimientos en la más estricta intimidad. Dije NO siempre que lo creí justo y preciso. Incluso en la escritura jamás empleé una voz que no fuese la propia. En poesía fui otredad y distancia de los demás poetas, hasta de los por por mí más admirados. Otra cosa es la insistencia, acaso excesiva, de indagar y buscar en el acto de escribir otra verdad, otros sueños ajenos a la realidad existente.
CASA, NIDO
No me importa decir ahora que mi mundo es un
nido que he ido llenando de sensaciones por descubrir. Cada día (más
bien cada noche) junto tierra y cielo para interrogarme por dentro. La
casa del pasado se ha convertido en nido de presencias puntuales. En el poema Nido
tibio, Caubère nos conduce hasta "el nido
tibio y en calma / donde el pájaro canta (…) las canciones más
puras de la vieja casa". En mi nueva casa los pájaros son nocturnos y habitan en el insomnio de todas las preguntas que siempre quise hacerme. Sola me oigo y a solas me escucho. (Lo dije en un poema: "ella se hizo mujer para medirse en soledad desde la cuna") Completamente yo, tengo la precisión de ser ajena a los demás. No me conocen y de ello soy culpable. Parodiando a la poeta Ajmátova, mi vida ha transcurrido en algún sitio donde los demás estaban ausentes. Pido perdón por ello.
ED É SUBITO SERA
No es una sospecha. Es una evidencia. Del instante en que vivo soy la niña que deseaba muy pronto ser mayor. Ahora, cada día por llegar es el último. Hundo la mano en mí, acaricio por dentro las cuerdas del violín (nocturno, op 27 de Chopin, ay) mientras reina el otoño fuera. Es noche en las palabras que ahora escribo. Y las escribo, siendo una desconocida para ti. Tal vez para todos.
Cabe en un gran silencio cuanto de mí suceda de ahora en adelante.
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.
(S. Quasimodo)

__________
ED É SUBITO SERA
No es una sospecha. Es una evidencia. Del instante en que vivo soy la niña que deseaba muy pronto ser mayor. Ahora, cada día por llegar es el último. Hundo la mano en mí, acaricio por dentro las cuerdas del violín (nocturno, op 27 de Chopin, ay) mientras reina el otoño fuera. Es noche en las palabras que ahora escribo. Y las escribo, siendo una desconocida para ti. Tal vez para todos.
Cabe en un gran silencio cuanto de mí suceda de ahora en adelante.
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.
(S. Quasimodo)
